LA BELLEZA DEL MISTERIO

 

El primer asombro que nos viene al contemplar la nueva obra de Montserrat Clausells es la limpia atmósfera que rodean sus cuadros, como una transparencia que los protege para mostrarnos en silencio prodigios que se hallaban escondidos entre los pliegues de la realidad. Despojado de lo superfluo, ahora encontramos una hermosa simplicidad que prescinde de formas, contornos, o planos excesivos. Es creadora de espacios abiertos sin pretensiones de llenarlos.

Se trata de una pintura no evasiva que nos alienta a “sentipensar” cuando percibimos el aire de lo infinito entre pared y objeto creando un espacio idóneo para la emoción.

Montse Clausells es un buen ejemplo de cómo la capacidad de pensar en el ser humano y su entorno es tan intensa como la de imaginar. Esas dos dimensiones son esenciales para crear una obra propia con responsabilidad y compromiso. Pero la inteligencia sin creatividad ni imaginación no vuela. La obra de Montse nos permite volar gracias a las sensaciones e ideas que nos genera. Porque su pintura no solo es creadora de realidad, de emoción y de comunicación. También conmueve creando preguntas sobre la condición humana y la naturaleza. Se produce un encuentro profundo entre la vista del que mira y la vista del objeto mirado. A través de su obra silenciosa comprendemos mejor que cuando nos relacionamos con los demás expresamos también lo que hemos llegado a ser y lo que anhelamos alcanzar.

Frente al torbellino y el frenesí de nuestra época estos cuadros sosegados nos sugieren que hay que darse tiempo y detenerse sin prisas a observar los matices de la vida. Montse nos comunica serenidad para apreciar el ritmo de otro tiempo vital. Lentitud fecunda.

La palabra “Idea” procede del griego “Eidos” que quiere decir “mirada”: lo que se ve con los ojos. Solo con la observación y la experimentación podemos hacer reflexiones, análisis y extrapolaciones correctas. Con su obra Montse demuestra que no ha perdido la inocencia y el goce de mirar con ojos limpios la vida, las personas, los trabajos de la naturaleza y de la condición humana llegando incluso a observar los pliegues sutiles del espíritu. Sus pinturas son como paisajes del alma.

Tal vez lo que sueña y desensueña en su pintura sea precisamente lo que nuestra mirada encuentra en sus cuadros: La Belleza del Misterio.

Porque ese es su verdadero oficio: revelar la belleza y el misterio. Ella vislumbra lo esencial en el súbito resplandor que se produce entre oscuridades. Cuando la estremece el relámpago de la intuición y la imaginación rasgando las nieblas de la racionalidad. Con una luz que ilumina pero no deslumbra. Haciendo visible lo invisible. Su pintura nada impone, sugiere; nos devuelve la secreta belleza que ha ido reelaborando y que implica diálogo entre lo que se nos ofrece a la vista y la mirada atenta que la capta. Montse nos ofrece su obra con un respeto inmenso a nuestra mirada y a nuestra libertad.

 

 

Dani Jover

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